Los sistemas de investigación de fraude son un caso particular de desarrollo empresarial: la trazabilidad no es una característica deseable sino un requisito absoluto, porque cada acción tomada sobre un caso puede tener consecuencias legales para la entidad y para las personas involucradas. Diseñar el modelo de datos y los flujos de proceso con esta exigencia como punto de partida determina una arquitectura fundamentalmente diferente a la de un sistema de gestión genérico.
La combinación de los tres sistemas — fraude, seguridad y campo móvil — en un ecosistema integrado le dio a la entidad una capacidad operativa que antes dependía de procesos manuales dispersos, con los riesgos de información incompleta y decisiones poco fundamentadas que eso implica.