Las migraciones de middleware empresarial en producción son proyectos de alta complejidad no por las tecnologías involucradas, sino por las restricciones operativas: cada servicio que se migra tiene dependientes que no pueden fallar, y el plan de rollback debe estar listo y probado antes de ejecutar cada paso.
Este proyecto exigió un conocimiento profundo de ambas plataformas — la de origen y la de destino — y una coordinación estrecha con los equipos de aplicaciones del cliente para validar que cada servicio migrado se comportaba exactamente igual en producción antes de retirar su versión anterior. El resultado fue una modernización de infraestructura crítica ejecutada sin el impacto operativo que este tipo de proyecto suele generar.